Cómo ayudar a una persona ansiosa

El término ansiedad define una emoción caracterizada por preocupaciones sobre la anticipación de un peligro potencial o un evento negativo futuro y se acompaña de sensaciones de amenaza y cambios fisiológicos.

LOS’ ansiedad puede tener una función adaptativa con el fin de identificar y prepararnos para posibles riesgos futuros o puede ser útil en momentos en los que tengamos que superar un desafío o una tarea que requiera esfuerzo físico o mental.

Mientras que temor asume la función de movilizarnos para afrontar un peligro inmediato, ansiedad parece activarse de forma preventiva, incluso en ausencia de un estímulo específico aparente.

Una cierta cantidad de ansiedad Puede ser útil para afrontar la vida diaria y, a veces, necesario en momentos en los que necesitamos desempeñarnos bien en relación con la tarea, pero el mecanismo de apoyo puede detenerse cuando se vuelve desproporcionado con los estímulos o expectativas desencadenantes en comparación con los recursos para afrontarlo.

Hablamos de desórdenes de ansiedad cuando el malestar se vuelve clínicamente significativo en términos de persistencia, intensidad o frecuencia en relación con la etapa de desarrollo. La ansiedad puede manifestarse como síntomas cognitivos , Síntomas físicos y síntomas conductuales ya menudo lo que sostiene la ansiedad en sí no es tanto el evento en sí mismo o la situación temida, sino los pensamientos que tenemos sobre el evento o cómo lo vemos en el futuro.

La gravedad y el impacto de desórdenes de ansiedad puede variar de persona a persona y depende de la interacción de factores de temperamento, ambiente educativo, eventos de la vida y factores de vulnerabilidad. Sin embargo, para quienes lo experimentan, es probable que afecte su vida personal, sus relaciones, su capacidad para trabajar, estudiar y otras actividades en la vida del individuo que pueden ser más o menos visibles desde el exterior.

Teniendo en cuenta la prevalencia de estos trastornos y su impacto potencial, una pregunta que muchas personas se hacen es “qué hacer si tiene ansiedad” y “cómo ayudar a alguien con ansiedad”. Sin duda, el apoyo de los demás puede ser fundamental para ayudar a la persona a mejorar y superar los problemas a los que se enfrenta, pero en ocasiones incluso las acciones bien intencionadas pueden parecer perjudiciales para quien las vive debido a su estado de sufrimiento actual. Hay algunos consejos para tener en cuenta y algunas estrategias que pueden ser más útiles que otras.

Para los que experimentar el trastorno de ansiedad que él Puede ser importante desarrollar estrategias de afrontamiento adecuadas o habilidades para afrontar la situación de ansiedad tanto mental como conductualmente. Es fundamental reconocer las diferentes manifestaciones de los síntomas de ansiedad y los factores que contribuyen al desarrollo y mantenimiento de los propios trastornos.

Para terapia de conducta cognitiva los desórdenes de ansiedad , como el estado de ánimo, se vería afectado por distorsiones cognitivas o creencias patógenas disfuncionales que contribuyen al desarrollo y mantenimiento del dolor. Las emociones y las reacciones conductuales estarían así interconectadas con nuestra forma de razonar y nuestros pensamientos disfuncionales.

Uno de los razonamientos típicos de desórdenes de ansiedad es el Mejor prevenir que lamentar (BSTS) , es decir que ante un evento amenazante se activaría una valoración con el objetivo de promover el miedo y la alarma como respuesta al peligro, más que como una reacción de no alarma y por tanto el riesgo de sufrir daños futuros.

La consecuencia es que tenderemos a sobrestimar la hipótesis de peligro, incluso cuando el riesgo sea residual, para prevenir la amenaza, evitando así errores de subestimar el daño y subestimar las capacidades reales a realizar frente al evento. Los pensamientos disfuncionales relacionados con estos problemas pueden generar así círculos viciosos de ansiedad. Las intervenciones para el manejo de la ansiedad que ofrece la terapia cognitiva incluyen:

intervenciones cognitivas como como psicoeducación sobre los mecanismos cognitivos y fisiológicos de la ansiedad; reestructuración cognitiva de creencias disfuncionales relacionadas con la ansiedad; normalización y aceptación de la ansiedad misma; etc.

intervenciones conductuales como como ejercicios de relajación; exposición enteroceptiva e in vivo, etc.

Por lo tanto, es importante identificar los pensamientos disfuncionales que generan ansiedad preguntándome qué pienso en situaciones que provocan ansiedad (por ejemplo, “¡Voy a hacer el ridículo!”) Y las temidas consecuencias de los pensamientos ansiosos. Reconocer los pensamientos y creencias patógenos que sustentan el trastorno (por ejemplo, “¡Debo estar siempre preparado!”) Y las emociones y comportamientos asociados a ellos pueden ayudar a romper los círculos viciosos asociados con diversos trastornos de ansiedad, para utilizar formas de pensamiento más funcionales y aumentar el nivel de aceptación de sus estados emocionales y situaciones temidas.

No existen pautas generales para ayudar a las personas con trastornos de ansiedad, especialmente porque la ansiedad puede manifestarse de diferentes maneras, según la historia personal, la biología y las experiencias de la persona. Por lo tanto, es importante adaptar las estrategias a la persona en particular y escuchar sus comentarios.

Quienes entran en contacto con personas con trastornos de ansiedad pueden no estar familiarizados con los mecanismos que apoyan la angustia emocional asociada con estos trastornos, pero aún pueden jugar un papel clave en ayudar a quienes lo padecen. Pedir ayuda, no sentirse culpable o incapaz de resolver su problema.

Algunos consejos útiles se pueden resumir en los siguientes puntos:

  • Infórmate: Es importante informarse previamente y adquirir conocimientos sobre el problema para poder comprender las vivencias de las personas que padecen trastornos de ansiedad y tener una idea de las principales manifestaciones y perspectivas terapéuticas.
  • Mostrar empatía: Es importante reconocer que lo que está pasando el otro es real, que puede ser difícil y que hasta las cosas más pequeñas pueden parecerles mucho más complicadas. Ser empático significa ponerse en el lugar de la otra persona y aprender de su experiencia lo que significa sentir ansiedad a niveles patológicos. Un enfoque despectivo o crítico destinado a banalizar o negar la experiencia ansiosa no ayuda a superar el problema.
  • Evita trucos y consejos: evite traer soluciones simplistas y improvisadas afirmando ser efectivas o sugiriendo que sería suficiente perseverar para salir de ellas. Es más útil preguntarle directamente a la persona si quiere un consejo o qué estrategias ha probado antes.
  • Escuche con eficacia: Escuchar es una de las mejores formas de ofrecer apoyo. Implica darle a la persona toda la atención que necesita, estar presente en la conversación y participar activamente en compartir el tema. Escuchar los pensamientos e inquietudes que pasan por la mente de alguien con trastornos de ansiedad, sin juzgar y aceptar, permite que la víctima se abra y se sienta bienvenida.
  • Ofrezca ayuda concreta cuando sea posible: La ansiedad puede interferir con la vida diaria normal y, en este caso, la persona puede apreciar la ayuda práctica. Puede preguntarle qué necesita la persona u ofrecerle algo específico, asegurándose de tener el consentimiento de la persona para la ayuda que le está ofreciendo. Se puede animar a la persona a que consulte a un profesional. Puede ser vivido como desalentador y, por tanto, puede ser importante orientarlo hacia la elección o estar cerca de él en este camino.
  • Respetar la autonomía y capacidades de la persona.: aunque las personas con ansiedad pueden experimentar ciertas limitaciones, no significa que no puedan vivir su autonomía o que no puedan hacer las cosas. En primer lugar, es importante evitar “banalizar” las creencias de las personas con trastornos de ansiedad sobre la dificultad de afrontar determinadas situaciones. Incluso una tarea muy simple puede parecer abrumadora. Por ejemplo, diga “¡Está bien, relájese!” Es degradante y frustrante. Sin embargo, también es importante no reponerse por completo, por ejemplo en las tareas de la vida diaria, a riesgo de asociarse con el trastorno y mantener los mecanismos que lo sustentan.
  • Anime a la persona a pedir ayuda: si bien el acompañamiento de familiares es un recurso precioso para las personas que padecen ansiedad, cuando se vuelve patológico, la persona puede necesitar ayuda profesional, aunque no sea consciente de ello. Especialmente cuando la calidad de vida o la función se ve comprometida significativamente. Alentar a la persona a recibir ayuda terapéutica puede no ser bien aceptado, pero es necesario para el bienestar de la persona. Podemos ofrecer ayuda para encontrar el profesional adecuado para el problema en cuestión y acompañar al paciente a una primera entrevista, si está de acuerdo, pero ciertamente no es posible reemplazar el papel de un especialista.
  • Muestre su apoyo: si la persona que padece un trastorno de ansiedad ha iniciado un curso de psicoterapia, es necesario acompañarlo incluso fuera del horario de la entrevista. Será importante reforzar cada pequeño paso y los objetivos alcanzados incluso cuando las mejoras puedan parecer pequeñas. La terapia necesita los tiempos y ritmos necesarios para adaptarse a la historia y los síntomas del paciente, y no requiere fuerzas externas o imposiciones que puedan ser una fuente adicional de ansiedad. También puede ser útil acompañar a la persona en los momentos en los que se enfrenta a periodos más estresantes para prepararse a pequeños “deslices”, pero sin catastrofizar ni desvalorizar los objetivos ya alcanzados. Mantener una actitud alentadora y empoderadora puede ayudar a mantener el compromiso con la terapia.
  • Mantén tu propio equilibrioAyudar a las personas con un trastorno de ansiedad puede ser difícil y puede generar frustración y estrés. Sobre todo, es importante cuidarse y ser consciente de la ayuda que podemos ofrecer y de nuestros límites o nuestro estado emocional. Si encuentra que está demasiado agotado o emocionalmente fatigado, debe reducir o reducir el apoyo que puede brindar. Establecer límites en el cuidado puede hacernos sentir culpables o preocuparnos el uno por el otro, pero puede ser muy importante salvaguardar la relación y no convertirse en una fuente de mantenimiento y refuerzo para el trastorno en sí, por ejemplo, proporcionando un confort excesivo y agotador. Es posible poner límites, manteniendo una actitud firme pero empática. Por último, es fundamental no agobiar a su ser querido que padece un trastorno al que también le preocupa nuestra preocupación o la alarma que siente por su condición. Está bien preocuparse por la persona cercana, pero sentir pánico o culpa no ayudará. Por lo tanto, es legítimo darse un descanso o su propio espacio personal destinado a recuperar su bienestar cuando sea necesario.

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