Considerada como una fruta asociada al placer, la fresa lleva la etiqueta de objeto de deseo y producto estrella del catálogo afrodisíaco. Posee también unas enormes cualidades que van más allá del simple sabor que puede ofrecer a nuestro paladar, para dejar espacio a interesantes propiedades terapéuticas que incluso están ligadas a la prevención natural de determinadas enfermedades como el cáncer y la anemia.

Su apariencia, su olor y su dulzura hacen de la fresa un producto cotizado. Alimento número uno para los antojos ocasionales, esta fruta perteneciente al género de las fragarias -por su aroma- está presente actualmente en innumerables productos. Por eso, además de consumirse de forma natural, también se ha utilizado para dar sabor a jarabes medicinales y formar parte de gelatinas, jugos, caramelos, entre otros.

Cargadas de poderes simbólicos y reales, las hojas y raíces de la planta de fresa han sido las favoritas de los herbolarios durante siglos. Jean Gérard, en el siglo XVI, decía que las fresas maduras apagaban la sed y que, si se comían habitualmente, el rostro se tornaría sonrosado y fogoso. En la Edad Media trataba infecciones de garganta y fiebre, cálculos renales, inflamación del hígado, erupciones en la cara, halitosis, melancolía y mareos. También se utilizaron para curar la gota y asegurar la longevidad. Actualmente, se recomiendan para anemia, dolencias hepáticas y renales, reumatismo, estreñimiento, gota y gripe estomacal. Una infusión con sus hojas, ricas en hierro, tendrá un carácter tónico y beneficioso para combatir la diarrea crónica y la fiebre. Pero puede ser alergénico para algunas personas porque es una fruta que libera histamina.

Propiedades terapéuticas

Sus virtudes terapéuticas también están presentes con una importancia igual o superior a las nutricionales, lo que hace de esta fruta una medicina natural con múltiples beneficios. Ayuda a mejorar

las siguientes dolencias:

• Anemia: tener vitamina C aumenta la absorción de hierro no hemo (de la carne y las plantas) en el intestino. Su alto contenido en este micromineral también ayuda a prevenir o curar la anemia.

• Estreñimiento: porque su alto contenido en fibra y agua favorece el tránsito intestinal.

• Gota: al ser una especie de «enemigo del ácido úrico», la fresa ayuda a disolver las sales de este producto en las articulaciones. Gracias a su poder diurético, ayuda a eliminarlos por la orina.

Otras patologías o afecciones a las que pueden contribuir las fresas son el reumatismo, problemas hepáticos, disolución de cálculos, obesidad, enfermedades del bazo, diarreas, tos, resfriados, asma, depuración sanguínea, gonorrea, disentería, entre otras.

Además, su poder antioxidante estabiliza los radicales libres, responsables de la degeneración celular. Al evitar que las células degeneren o muten, se pueden prevenir ciertos tipos de cáncer.

^ Contraindicaciones: Por su alto contenido en fibra, puede resultar nocivo en caso de diarrea y su ingesta de potasio, en caso de insuficiencia renal.

Aplicaciones adicionales

Su uso como cosmético recorre un largo camino: Madame Tallien, una belleza de la época de la Revolución Francesa, los usaba triturados en su baño para mantener la piel suave. La verdad es que son buenos astringentes, aclaran el tono de la piel, previenen las arrugas y tonifican la piel. Las máscaras están bien preparadas con puré de fresas maduras. Si se aplica durante la noche sobre la piel, los resultados son excelentes.

Es decir, también existe una dieta curativa: consiste en comer solo fresas durante dos días para mejorar y aliviar estados de fatiga crónica, desmineralización, hipertensión, estreñimiento, artritis, reumatismo y gota, además de luchar contra los parásitos. Por supuesto, de antemano, debe contar con la aprobación del médico, ya que dicha dieta puede causar un desequilibrio.

Por F. Tips

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