Un artículo escrito por Carla Marano Marcolini, profesora de marketing e investigación de mercados de la Universidad de Jaén; Esther López-Zafra, profesora de psicología social de la Universidad de Jaén; Francisco José Torres Ruiz, catedrático de marketing e investigación de mercados de la Universidad de Jaén; y Manuel Parras, catedrático de marketing e investigación de mercados de la Universidad de Jaén.

Mejorar las condiciones nutricionales de la población es uno de los mayores desafíos del siglo XXI. Así se afirma en el Objetivo de Desarrollo del Milenio 2, que destaca la importancia de una alimentación “sana, nutritiva y suficiente”. Pero, ¿qué entendemos por dieta sana y nutritiva? ¿Cómo podemos ayudar a los consumidores a reconocer qué alimentos tienen estas cualidades?

Una de las iniciativas más populares en este sentido es la introducción del etiquetado nutricional como una herramienta para brindar a los consumidores información alimentaria clara, concisa y veraz para orientar sus decisiones de compra y consumo.

Aunque la Comisión Europea todavía no se ha decidido oficialmente por un sistema específico, en la práctica uno de los más extendidos en Europa es el Nutri-Score. Este sistema, desarrollado en Francia, utiliza una gradación de colores y letras para representar una mayor o menor calidad nutricional en los alimentos. Desde el verde oscuro (letra A) para alimentos más saludables hasta el rojo (letra E) para alimentos menos saludables. El color amarillo (letra C) cobra protagonismo.

Semáforo nutricional Nutri-Score.

Se trata de una opción que a primera vista resulta muy intuitiva y fácil de utilizar e interpretar para los consumidores. Sin embargo, existe alguna evidencia de que el sistema Nutri-Score podría no ser el mejor.

Un algoritmo que omite los “nutrientes beneficiosos”

El algoritmo en el que se basa el Nutri-Score asigna puntos según la composición nutricional por 100 gramos o 100 mililitros de producto y tiene en cuenta el contenido de elementos menos saludables (calorías, azúcar, grasas saturadas y sal) y más favorables (fibra , proteína y porcentaje de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y frutos oleaginosos). Hasta ahora todo es correcto. Sin embargo, la fórmula omite “nutrientes beneficiosos” en la dieta general, como vitaminas, minerales o ácidos grasos esenciales, entre otros.

En otras palabras, el algoritmo utilizado es simplista. La consecuencia inmediata es que no clasifica adecuadamente los productos altamente saludables, como los aceites de oliva vírgenes (AOV). Inicialmente, los resultados de la clasificación dieron a los AOV una letra D (naranja). Después de muchas críticas, se cambió el algoritmo, obteniendo finalmente una letra C (amarilla).

Pero sigue siendo insuficiente. Con esta clasificación, los aceites de oliva vírgenes (AOV y Aceite de Oliva Virgen Extra-AOVE) se asimilan a los aceites de semillas refinados, todos denotados con la letra C. Esto devalúa fuertemente a las vírgenes, que son jugo puro de aceituna y cuyas propiedades nutricionales son Reconocido. a escala mundial .

Además, su comparación con el propio aceite de oliva común, también refinado, con igual puntuación o valor nutricional, hará que el consumidor opte por el aceite más económico. Nutri-Score olvida que una misma categoría de productos puede tener distintas calidades, como es el caso del aceite de oliva. Y eso merece una clasificación adecuada porque de lo contrario confundiríamos al consumidor.

Excluir aceite de oliva

Recientemente, el Ministerio de Consumo anunció que los aceites de oliva quedarían excluidos del sistema Nutri-Score. Además, incluso están trabajando para extender esta medida al resto de países.

A priori, es mejor excluir los aceites de oliva que aparecer en amarillo (letra C). Pero, ¿es suficiente esta medida? A veces, eliminar el AOV del sistema da una imagen de que “tienen algo que ocultar”, lo que genera más confusión. Además, ¿qué pasa si, finalmente, en otros países, el AOV todavía está en el sistema y se indica con una letra C? Las exportaciones se verían seriamente afectadas. ¿No sería más efectivo luchar por un rango superior, el que realmente les corresponde (letra A), en lugar de esconderlos?

Para colmo, hay otros ejemplos, incluido el jamón de bellota, que muestran que el sistema Nutri-Score tiene serias debilidades que lo perjudican. Algunos países, como Italia, han rechazado su implementación y han desarrollado su propio sistema nutricional (NutrInform Battery), alegando precisamente que el sistema Nutri-Score es contrario a los principios de la Dieta Mediterránea.

Los sistemas de alerta como alternativa

En última instancia, existe la necesidad de sistemas de etiquetado nutricional para que los consumidores puedan comprender mejor la información en la etiqueta. Sin embargo, no te apresures y opta por uno de ellos sin contar con estudios exhaustivos y rigurosos que prioricen el bien del consumidor.

En este sentido, muchos profesionales han defendido sistemas de alerta, como el que se usa en Chile, el etiquetado obligatorio para productos que contienen cantidades excesivas de ingredientes nocivos para la salud, como azúcar, sal o grasas saturadas. Como se trata de una etiqueta que solo proporciona información “mala”, no encuentra el apoyo de la industria que, curiosamente, parece preferir el sistema Nutri-Score. Sin embargo, investigadores chilenos señalan que ni el empleo ni los salarios se han visto afectados en la industria alimentaria chilena desde que se impuso este sistema.

Por el contrario, se demuestran sus resultados positivos, como una reducción en la compra de productos no saludables, una mejor comprensión e identificación de los alimentos saludables y una reformulación necesaria de estos alimentos con las peores condiciones nutricionales. Por cierto, la reformulación de la dieta, así como la educación e información nutricional, son fundamentales para mejorar la alimentación de la población, como señalan organismos como la Organización Mundial de la Salud. Algo que nunca sucederá si no tienes un sistema que priorice el bienestar del consumidor.

Por F. Tips

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